LOS PROBLEMAS DE LA RIQUEZA

CACERES, Brasil.- Durante los primeros 500 años de su historia, Brasil no se preocupó demasiado por sus inabarcables fronteras. Indígenas y exploradores iban y venían del país sin mayor problema y el flujo de ganado y otras mercancías tampoco estaba regulado. Pero el crecimiento económico de los últimos años obligó a los gobernantes brasileños a lidiar con un problema considerado durante mucho tiempo exclusivo de los países ricos como Estados Unidos: sus fronteras.

El creciente ingreso de inmigrantes ilegales, la lucha contra el tráfico de drogas y el contrabando, en general, han llevado al gobierno de Dilma Rousseff a plantearse un control más férreo de sus límites fronterizos.

Con la presión política de una “epidemia de crack” en varias ciudades, Rousseff está invirtiendo más de 8000 millones de dólares y revisando la estrategia de defensa de Brasil para abordar un tema que tiene implicaciones en el comercio, la agricultura y toda la economía.

La prosperidad de Brasil ha creado una nueva clase de consumidores con mayor poder adquisitivo. Son decenas de millones de personas que viven justo al lado de los tres mayores productores de cocaína del mundo: Colombia, Bolivia y Perú. Brasil es actualmente el segundo consumidor mundial de cocaína, sólo detrás de Estados Unidos, según datos gubernamentales norteamericanos. También es un enorme consumidor de marihuana, éxtasis y otros narcóticos.

El intento de Rousseff por controlar el flujo de narcóticos podría significar la firma de acuerdos millonarios con compañías de diversos sectores, como la empresa local de aviones Embraer, que planea fabricar una nueva línea de naves no tripuladas para patrullar la frontera, o firmas extranjeras como Boeing o Siemens.

Asegurar un área cinco veces más extensa que la frontera entre México y Estados Unidos, que se extiende a través de más de 16.000 kilómetros de selva amazónica y límites con diez países diferentes, está demostrando ser un gran desafío. También está generando un debate sobre si realmente vale la pena invertir tanto dinero y esfuerzo.

Para Rafael Godoy de Campos Marconi, teniente de policía en el solitario y remoto puesto de control de los humedales de Pantanal, a 50 kilómetros de la ciudad de Cáceres, en el oeste de Brasil, la tarea parece imposible. La unidad de Marconi es responsable de patrullar un tramo de 200 kilómetros de frontera con Bolivia, desde donde ingresa alrededor del 80 por ciento de la cocaína consumida en Brasil.

Marconi cree que todos los días decenas de contrabandistas cruzan a través de su territorio con drogas escondidas dentro de sus zapatos, pantalones y ropa interior. ¿El problema? Marconi usualmente tiene sólo entre 10 y 12 hombres para cubrir todo el territorio. “Ellos [los contrabandistas] están ahí afuera”, dijo, señalando hacia el horizonte en medio de un abrasador calor y una densa humedad. “Pero somos tan pocos que saben exactamente dónde estamos”, explicó. Incluso aunque se duplicaran los recursos, sería muy difícil controlar una región tan remota. Con una sonrisa irónica, mencionó una solución que está en boca de muchos brasileños de la zona: “Quizá si construimos un muro como el que tiene Estados Unidos [en la frontera con México] tal vez podamos detener a estas personas”.

ASESORAMIENTO

Pero Brasil no construirá ningún muro, aunque sí está intentando absorber las lecciones de Estados Unidos y apoyarse en Washington para conseguir recursos y asesoría técnica. El jefe de las fuerzas armadas brasileñas viajó el año pasado a El Paso, Texas, junto a la frontera con México, para reunirse con militares y funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional norteamericano.

El nuevo énfasis de Brasil en sus fronteras y el mensaje subyacente que eso trae -el recelo con el que ahora mira a sus vecinos- está comenzando a crear una suerte de resentimiento en América del Sur que solía estar reservado para Estados Unidos.

“Me duele decirlo, pero he escuchado a personas decir que somos los nuevos gringos”, dijo Petro Taques, senador del estado de Mato Grosso, que limita con Bolivia. “Controlar la frontera es un problema que Brasil nunca pensó que tendría que afrontar (…) y nos está obligando a hacer algunas cosas incómodas”, declaró.

No obstante, Taques dijo que mejorar la protección fronteriza es crucial para la salud de la economía y la sociedad de Brasil, y expresó su frustración porque los resultados no puedan verse más rápido, cuando ha transcurrido más de un año desde que Rousseff asumió la presidencia.

Brasil superó a Gran Bretaña el año pasado como la sexta mayor economía del mundo y ahora es más rico que casi todos sus diez vecinos, medido en ingreso per cápita. Ese dinamismo, y una moneda inusualmente fuerte, atrajo a inmigrantes de América del Sur, que a menudo ganan en Brasil tres o cuatro veces más que en sus países. A mediados de 2011, había cerca de 1,5 millones de extranjeros registrados en Brasil, un incremento del 50% respecto del año anterior.

El descuido de las fronteras también contribuyó a un diluvio de importaciones baratas, que según los políticos dañan la industria local. Innumerables bienes de China y otras partes del mundo ingresaron a Brasil inadvertidos a través de países vecinos, dijo el ministro de Comercio, Fernando Pimentel, en una entrevista.

En todo caso, el problema más grave para Dilma Rousseff es el aumento del consumo de drogas y su inseparable compañero: el crimen organizado.

Como explicó el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, controlar las fronteras es una parte fundamental de la estrategia contra el narcotráfico. Por ello, el gobierno brasileño duplicará el número de policías federales en la zona fronteriza para 2013. Al mismo tiempo, el Ejecutivo enviará un proyecto de ley al Congreso para que se otorguen incentivos salariales a los funcionarios que trabajan en la frontera.

Pero el derroche de dinero que Brasilia deberá afrontar ha suscitado dudas entre una parte de la población, que se pregunta si esa inversión millonaria mejorará las cosas, especialmente respecto de las drogas.

Si Estados Unidos, con todos los recursos que la mayor economía del mundo tiene para ofrecer, no puede impedir que la cocaína cruce sus fronteras, ¿será Brasil capaz de hacerlo?

UN GIGANTE DIFÍCIL DE BLINDAR

El plan de Brasil para asegurar sus fronteras es uno de los mayores desafíos de Rousseff

16.000
Son los kilómetros fronterizos
Brasil limita con 10 naciones en un área cinco veces más extensa que la frontera entre México y Estados Unidos.

8000
millones de dólares
Es la inversión que la presidenta Dilma Rousseff está destinando para revisar completamente la estrategia de defensa de Brasil.

1,46 millones
de inmigrantes
A mediados del año pasado, ésa era la cifra de extranjeros registrados en Brasil, un aumento del 50% respecto del año precedente.

11.273
PBI per cápita en dólares
Brasil superó a Gran Bretaña como la sexta economía del mundo y supera a muchos de sus vecinos en ingresos per cápita.

 

(Agencia Reuters em 22/04/2012)

Brian Winter



Categorias:imigrantes

Tags:

%d blogueiros gostam disto: